Entradas

Mostrando las entradas de enero, 2021
  Mi turno ya paso   Me desespera ver la hoja en blanco y que no me salga escribirte todo lo que siento, todo lo que venía pensando en el auto. (Estoy tan cansada de pensar-te) Te siento y te pienso. Te pienso y te siento. Te siento pensando, y te termino escribiendo. Calculo, espero y anhelo que sea mi última carta. En los momentos de tristeza es donde más acepto la derrota y decido irme. Aunque siempre me cueste, creo que es momento de irme. No hay momento en que me quiera menos como cuando priorizo a alguien más, como cuando muevo todas las fichas y abro todas las puertas de mi vida porque tengo ganas de que entre en ella. Esto es culpa mía, por precipitarme y apostar. Y mi poco amor propio se va con esos intentos, en donde no veo respuestas, en donde quien muestra las cartas soy solamente yo. Como si no te estuviese pidiendo a gritos una señal, una palabra o lo que sea que te salga y me haga encontrar el eje de donde estoy parada. Yo te escribí, y vos n...
  Y de repente pasa, sin esperarlo ha pasado. No te has ido y ya te echo de menos, te acabo de besar y mi saliva se multiplica queriendo más, cruzas la puerta y ya me relamo los dedos para guardarte, paseo por Madrid y te quiero conmigo en cada esquina. Si la palabra es acción entonces ven a contarme el amor, que quiero hacer contigo todo lo que la poesía aún no ha escrito.   Elvira Sastre
  Yo nunca me enamore   Yo nunca me enamore. No sé qué es sentir que el corazón se precipite cuando estas por ver a alguien, o planificar futuros con esa persona. Y tampoco sé si lo quiero saber. Una vez una persona me dijo: “estoy enamorado de vos”, y ante la inercia, el miedo, la presión, dije que yo también. Pocas veces me sentí tan mal como cuando dije sentir algo que el corazón no sentía. Yo nunca me enamore. Pero el corazón bastantes veces me dolió. Viví desamores; y con esto quiero decir, que no fui correspondida; aun hoy creo no ser correspondida aunque mi corazón quiera lo contrario. Yo nunca me enamore. Y creo que deje de creer en los milagros, o por lo menos no me doy el privilegio de que me rancheen el corazón. Yo nunca me enamore. Pero cierro los ojos cuando veo una estrella fugaz, y a veces, solo a veces, lo deseo. Miro al mar pensando en que hay más allá e intento no llorar. Contemplo la ruta esperando pensar y poder escribir todo lo qu...
  En la incomodidad de una sociedad   Hace trece años que no me siento cómoda con mi cuerpo. No sé bien cuál de todos fue el primer comentario, tengo muchos recuerdos que me llevan a saber el porque arrastre y cargo hasta hoy en día un peso que jamás debió haber estado. Perdón por mi brutalidad del comienzo de esta nota, pero la verdad es que estoy cansada de vivir bajo la exigencia mía y de la sociedad. Toda mi vida permití que digan y opinen lo que quieran sobre mi cuerpo, como si no me afectaría. Como si hoy, con 21 años no me pesara tanto desnudarme, ponerme una bikini o mirarme al espejo. Permití que mis primos me digan “gorda”, que mis compañeros de la escuela se burlen de mí, y hasta llegue a salir llorando del consultorio de mi pediatra con tan solo 11 años porque: “Morena, ¿vos no te miras al espejo y te das cuenta que estas gorda?”. Así, con esas mismas palabras, diez años después la frase resuena tal cual ella la emitió desde su boca. Tengo la imagen m...
  Prefiero llamarle "retirada"   Hace rato que no me despido. Nunca me gustó eso de las despedidas muy de prisa, ¿Sabes? Al contrario, me gustan las advertencias, los amagues, los intentos de una y otra vez ver si del otro lado pica lo mismo que vos pescas. Y una vez, después de tantas idas y vueltas, después de tanto tantear el terreno, el corazón y la cabeza llegan a un acuerdo y me dicen que es el momento de irme.  Mis amagues no son amenazas, al contrario, es mi manera más vulnerable de pedirte que te quedes, de que vos me pidas que me quedé también. De quedarnos. Mis intentos buscan estar segura que en verdad lo que el corazón siente tenga razón y que, no tiene gracia intentar dónde todas las señales apuntan a que no, después nos preguntamos por qué se nos endurece el corazón. Y acá está la respuesta, los intentos más míos que tuyos, que una y otra vez me dicen que deje de buscar donde no hay nada que encontrar. Pase por distintas advertencias que me gritar...