Aeropuerto Cinco horas y trece minutos. Cinco horas y trece minutos es lo único que me une a vos hoy en día. Abro la carpeta que algún día fue “nuestra” y se titulaba con un corazón gris; ahí guarde todo. A veces me quedo un ratito largo analizando que es lo que te quise decir o que me quisiste decir vos cuando nos dedicamos alguno de los tantos temas que forman parte de la carpeta. Todos hablan de amores que duelen, que quisieron, pero no pudieron- mentira, pienso-. No hubo ni intentos, y para mi eso no es querer. A veces, me enojo o me rio por lo bajo para descargar ese sentimiento que aparece cuando te haces presente de alguna manera. Ser consciente de que no te elijo es muy alivianador pero tener tu nombre tatuado en la piel, como aquella primera canción, es igual de cansador. Me calma un poco saber que la vida mejoro desde que no estas mas acá, ni vos para mí, ni yo para vos. Tene...
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El arte de saber cicatrizar en silencio Si buscas leer un texto que hable de dolor, acá no lo vas a encontrar. Es que hace tiempo que la vida no me duele, hace tiempo que miro el día a día con ojos de esperanza. Hace un tiempito que me empecé a ver, debe ser eso. Cuando decidís que la energía tiene que estar puesta en vos, no hay nadie que te mueva la estantería. Y es que cuando las metas están claras, cuando empezas a vivir la vida que soñas, el foco esta puesto ahí; y entendes que muchas veces el querer no es suficiente; que elegir irse es elegirte. Volver al lugar de reflexión, volver a uno, porque a veces, los sueños también atropellan, a prueba y a error. Ver ojos de tristeza y querer devolverles el brillo o llenarlos de besos, o las dos a la vez. Sonreírle al proceso, al resultado que llego después de tanto tiempo de trabajo. Sentir que el camino realmente valió la pena, y que aquella vez que mire al cielo, con lágrimas en las mejillas, suplicando –...
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“B. Beach” Me acuerdo la primera vez que te miré, que fui consciente de tu existencia. Fue una noche en la que no deseaba salir, tenía mucho sueño y me quería ir a dormir; pero no estaba en mi ciudad, si no, en tu pueblo. Una noche de vueltas, termino en una salida y me di cuenta de que vos existías. Fue en el momento justo en que me agarraste y nuestras miradas se encontraron, a centímetros una cara de la otra; y yo, con mucha vergüenza, mire para otro lado. A lo largo de la noche nos seguimos buscando. Al día siguiente, abajo de un cielo estrellado, me hablaste de vos, de lo que alguna vez fuiste, de lo que sos y de lo que te gustaría ser. Y yo, que no estaba buscando a nadie, empecé a pensarte. Encontré en alguien, un montón de cosas que me gustan a mí. Al cabo de dos semanas, nos volvimos a encontrar. En el mientras tanto de esos quince días nos hicimos presentes al estilo millennials, que básicos. Pero terminamos concretando el encuentro. Yo no busca...
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Voy a regar tu partida con amor A tu partida le puse amor. Me prometí regar el corazón por duplicado y donde dolía, dar una caricia. No quería recordar con dolor diez años de amor. Vos no te mereces eso y yo tampoco. Hay veces que me encuentro sola y me permito llorarte. Ya sé lo que te prometí, pero nos robaron tiempo. Entonces, se me presenta tu mirada, tu mirada en lo cotidiano; en lo bueno, en lo malo, en lo mundano. No importaba que todo vaya mal, yo te miraba y entendía porque los animales no hablan. Las miradas nunca mienten. Te extraño, te empecé a extrañar antes de que te vayas. Y te juro que cumplo y riego con caricias a todos los animales que me cruzo, pero eso no me quita que vos ya no estas. Nadie te devuelve. A veces voy vacía por la casa, buscando tu mirada y no estas físicamente. Pero acá, en mi corazón, siempre estas. Hay días como hoy, que me tengo que sostener el pecho y presionarlo fuerte porque duele. Te extraño, mi alma. Esta vida ...
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Transformar lo negativo en lo positivo, es un acto de valentía El sol en la cara. Apoyar los pies en el pasto. Cerrar los ojos y escuchar a la naturaleza. Volver a escuchar mi banda favorita y solo pensar en mí. Acostarme en el piso con mis animales y llenarme de pelos. Reírme con mama. Mirar a los ojos a mi hermana y entendernos. Poder decirle a mi papa que lo extraño y que lo amo. Sacudir el enojo y dejar que se vaya lejos. Acariciarle la mano a mi abuela. La felicidad de mis amigas. Permitirme conocer nuevas personas. Contemplar el atardecer. Mirar personas en la calle y sonreír por lo que les pasa. La alegría compartida. Las noches de verano. Mi soledad, mi amada soledad. Transformar el extrañar por un reencuentro conmigo. Mirarme en el espejo y ver que los ojos me volvieron a brillar. Sentirme en paz. Volver a casa, volver a mí, soy mi hogar. Gracias. Morena Loncaric 6 de ene., 2025
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No te puedo perdonar Ahora no te puedo perdonar, antes me tengo que perdonar a mí. Ya no encontré excusas para justificar tu miseria. Acepto las consecuencias porque sabia que vos ibas a ser la causa de todo esto y, sin embargo, te deje entrar, hacer y deshacer como quisiste, todas las veces que pudiste; y eso, fue culpa mía. Porque yo sabia lo mucho que soy y lo poco que vos me podías dar, fue mi manía de querer salvar personas que no saben amar, que no saben amarme y que termino demostrando, una vez más, que tengo que trabajar el amor propio. Acá va mi lección, me tengo que perdonar haberte dejado hacerme sentir como si no valiera nada, como si mi valor dependiera de que tus ojos -un día de suerte- puedan, sepan y aprendan a verme con amor, amor que me tengo que saber dar yo. No te puedo perdonar, porque en mi calendario no hubo días, ni horarios, para estar arrollada en la cama llorando, preguntándome el por qué de sentirme así. No te puedo perdon...
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Todos aquellos intentos Sabía que un día iba a llegar este día. Que un día me iba a cansar de intentar entender todas tus acciones; que un día iba a dejar de preguntarme si mi valor dependía en base a cuanto vos me sabias ver, en base a todas esas veces que te esperé y no llegaste, en todos los “perdón” que quise escuchar, pero nunca aparecieron; y en base a todas aquellas noches en donde no me salía otra cosa mas que llorar. Y es que pensar una vida sin vos, ya no duele y en el fondo, eso me duele; me duele aceptar que te deje ir porque quise tanto con vos, tanto de todo y al final, tanto de nada. Me duele saber como brillaban mis ojos cuando hablaba de vos, todas las veces que justificaba tus actitudes para romantizar lo que quería que fuese nuestra historia, historia que me invente yo, claro. Tu ausencia dolía tanto pero ahora es mi única sanación. Ese vaivén de idas y vueltas que lo único que hace es abrir la lastimadura que quería empezar a cicatrizar para d...