En la soledad Entonces una vez más pido que se vayan, que me dejen sola porque es lo que mejor me sale. Aprendí a estar sola y me cuesta mucho compartir esta soledad. Me tomo el tiempo después de catorce días de llorar. La última vez estaba arriba de un auto haciéndole la segunda a mi hermana mientras ella estaba en un departamento y ya hacia cuarenta minutos que la estaba esperando con un poco de frio en el Twingo, fue entonces cuando las lágrimas empezaron a caer y cada vez lo hacían con más fuerza y yo cerraba los ojos y cada tanto miraba para arriba – pidiéndole a vaya a saber quién- que lo que sentía deje de doler o de invadir, ya hace rato que ni siquiera sé que siento. Asique si, tache los días como los presos y en el día catorce una vez más llore. De los siete días de la semana aunque sea tres le pido a mi mama que se vaya y me deje sola, a mi hermana mucho no se lo tengo que pedir porque hace rato que ya no suele habitar por estos pagos y me parece bien, c...
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Un “as” bajo la manga Nunca mis papas me hicieron creer en el amor, y con esto me refiero al amor de pareja. Vos sabes que ellos no se miraban con ese “no sé qué” que se miran dos personas cuando se quieren tanto que llegan a amarse. Seguro que en un tiempo lejano la mirada la tuvieron pero yo llegue tarde y no la pude ver. En fin, convivieron y compartieron mucho tiempo juntos en un lugar donde ya no había amor, en algún momento lo hubo y lo sembraron con la llegada de mi hermana y después con la mía, pero después nos dejaron florecer y ellos juntos se marchitaron. A veces es necesario morir para darse una nueva vida, fue así que individualmente empezaron a florecer. Dos personas que compartían pero ya no se amaban, dos excelentes personas y no lo digo por el hecho de que sean mis papas si no que simplemente pocas personas saben lo que es tener un corazón enorme, roto, estropeado o en la lona y aun así seguir dando. Mi mamá tiene cuarenta y nueve años, y mientras ...