Un “as” bajo la manga

 

Nunca mis papas me hicieron creer en el amor, y con esto me refiero al amor de pareja. Vos sabes que ellos no se miraban con ese “no sé qué” que se miran dos personas cuando se quieren tanto que llegan a amarse. Seguro que en un tiempo lejano la mirada la tuvieron pero yo llegue tarde y no la pude ver. En fin, convivieron y compartieron mucho tiempo juntos en un lugar donde ya no había amor, en algún momento lo hubo y lo sembraron con la llegada de mi hermana y después con la mía, pero después nos dejaron florecer y ellos juntos se marchitaron. A veces es necesario morir para darse una nueva vida, fue así que individualmente empezaron a florecer.

Dos personas que compartían pero ya no se amaban, dos excelentes personas y no lo digo por el hecho de que sean mis papas si no que simplemente pocas personas saben lo que es tener un corazón enorme, roto, estropeado o en la lona y aun así seguir dando.

Mi mamá tiene cuarenta y nueve años, y mientras pasaba el tiempo se fue haciendo más fría; hasta que un día llego un hombre, un hombre alto; canoso; de ojos claros y voz tranquila. El la agarro de la mano y la hizo creer que a los cuarenta y nueve años se podía volver a creer en el amor. Un hombre que puso una canción lenta mientras íbamos en el auto, freno en plena calle, se bajó, le abrió la puerta a mi mamá y la saco a bailar ese mismísimo lento mientras por los costados los autos seguían transitando.

Un hombre decidido a dar sin recibir, a amar sin importar y a apostar sabiendo que podía perder.

Qué se yo, mis papas no me hicieron creer en el amor en estos veintidós años, pero a la vida de mi mamá llego un hombre que me hizo creer que en verdad la mirada es la que nos vende.

No necesitas palabras, no necesitas letras, necesitas una mirada que te transmita que estas en el lugar correcto, que estas en casa, que vas a tener paz y va a haber amor.

Y para ser francos, tengo miedo. Tengo miedo en estar creyendo que una mirada me dice una cosa distinta que no se anima a hacer con hechos. ¿Y si me voy por completo?

No hay nada más triste que ver a alguien sin tenerlo. No hay nada más triste que irse de un lugar queriendo quedarse.

Tengo muchas ganas de creer en lo que unos ojos me transmitieron, pero esta vez Susi tiene razón: “ya jugaste tu última carta”, me dijo.

¿La partida termino o nos queda algo más?

 

Morena Loncaric

12 jul, 2021.

Comentarios

Entradas más populares de este blog