Todos aquellos
intentos
Sabía que un día iba a llegar este día. Que un día me iba a
cansar de intentar entender todas tus acciones; que un día iba a dejar de
preguntarme si mi valor dependía en base a cuanto vos me sabias ver, en base a
todas esas veces que te esperé y no llegaste, en todos los “perdón” que quise
escuchar, pero nunca aparecieron; y en base a todas aquellas noches en donde no
me salía otra cosa mas que llorar.
Y es que pensar una vida sin vos, ya no duele y en el fondo,
eso me duele; me duele aceptar que te deje ir porque quise tanto con vos, tanto
de todo y al final, tanto de nada.
Me duele saber como brillaban mis ojos cuando hablaba de
vos, todas las veces que justificaba tus actitudes para romantizar lo que
quería que fuese nuestra historia, historia que me invente yo, claro.
Tu ausencia dolía tanto pero ahora es mi única sanación. Ese
vaivén de idas y vueltas que lo único que hace es abrir la lastimadura que
quería empezar a cicatrizar para después, empezar de cero, una y otra vez.
El no entenderte me hizo agradecerme, porque significa que
yo nunca haría algo igual a todo aquello que me hizo sentir insuficiente y eso,
me enorgullece porque ya empieza a hablar de mí y deja de tratarse de vos.
El amor con el que te miraba y te miro, nunca se va a ir;
pero también creo que entendí que me enamoré de una versión que solo existía a
veces, tal vez nunca fuiste todo eso que yo creí.
Olvidarnos no es dejar de escribirnos, no creo en el olvido,
pero creo en mí y en mis ganas de más, mis ganas de todo aquello que sé que me
merezco y sobre todo, de mis ganas de enamorarme de alguien que se enamore con
las mismas ganas y amor que el mío.
No quiero acostumbrarme a las idas y vueltas porque siento
que el amor que te tuve se merece mucho más que esa historia. Tal vez, este sea
el mejor final: sin despedidas, sin saber que iba a ser la última vez, sin
entender, sin más.
Morena Loncaric
5 de dic., 2024
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