Cane
Y entonces llega un día, un año, una persona o tal vez todas
ellas juntas en donde te animas a escribirle a alguien, de nuevo.
Elegís abrir el Word con los ojos llorosos y las lágrimas
que caen por las mejillas, esta vez no por tristeza, ni por sentirte
insuficiente, simplemente porque conoces a alguien de un calibre tan grande que
no veías venir pero que llego. No sabes, ni yo sé para que llegaste ni para que
llegue, si somos un ratito o más de un momento, pero llegamos y estamos acá.
Entendes todos los “porque no” de antes aunque algunos sigan
doliendo y te abrazan. Te abrazan y te besan todas las cicatrices que algún día
dolieron pero que hoy quieren ayudarte a sanar.
Te miran a los ojos con la admiración que algún día supiste
mirar y te leen, te desnudan los miedos y juran hacerlos añicos como ellos te
lo hicieron en algún momento.
Y vos miras, un poco paralizada porque nunca te supieron
querer, porque llega alguien que no tiene “peros”, que no hay hora del día para
darse la mano, ni escondites para darse un beso, porque no importa el que va a
pasar sino que simplemente tenemos el ahora.
Y lloras, lloras enfrente de una pantalla porque esta vez es
a mí a quien le queda grande alguien, porque no estoy acostumbrada a que me
quieran bien y porque todas esas heridas que fueron hoy se convirtieron en
miedos de lastimar a quien no se lo merece.
Pero estas y estoy; y un día cualquiera te vi y no hubo “peros”.
Salte al vacío, a lo desconocido y no me importo mucho porque en verdad asumo
que la vida es solo un ratito.
Asique si, llegaste y me desnudaste los miedos, tiraste
todos los pretextos a la mierda y me ofreciste un pecho donde dormir y encontrar
tranquilidad, unos ojos que entienden de complicidad y una sonrisa que sabe reírse
conmigo a la par.
Llegaste y no sé, vos tampoco sabes pero estoy segura que
mis pulmones nunca respiraron tan azul clarito.- Gracias.
Morena Loncaric
1 mar, 2022
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