Kilómetro 709
Era sábado 19 de junio y con papa nos íbamos a pasar el fin
de semana a sierra de la ventana. Hacía mucho tiempo que no compartíamos algo
padre e hija asique me pareció un plan copado, armamos los bolsos, cargamos la
carpa y preparamos el termo con agua bien caliente.
Íbamos en ruta cuando papa me advierte: “More, no voy a ir
muy rápido andando”. Yo lo mire y le dije: “Me parece bien pa, ¿quién nos
apura?”. En él mientras tanto sonaba de fondo la canción Fantasma- El árbol, y
por un segundo jure que mi tío Guillermo estaba ahí.
Salimos mientras llovía pero pasaba el tiempo y el cielo parecía
estar listo para empezar a despejarse, tiempo después el sol no dudo en
asomarse.
Mientras seguíamos sumando kilómetros, papa me contaba sobre
los nombres que tenían las sierras: “esta Sierra de la Ventania, Cura Malal
Chico, Cura Malal Grande…”, y la verdad es que mucho no me importaba pero a él
le entusiasmaba tanto contarme que me pareció importante saber escucharlo.
Al final, nos metimos en Villa de la Ventana, fuimos a un
camping que quedaba al lado de un arroyito, hacia un frio de re cagarse pero ya
estábamos ahí y estaba con mi papa, para mí era suficiente. De todas maneras
fui con la cabeza en otra, elijo creer que fue culpa de la luna que nos hace
traer momentos del pasado y añorarlos.
Durante el día subimos una sierra, paseamos un poco y papa
me llevo a comer los que para el – y para mí también- son los mejores
alfajores, y tenía razón, son muy buenos. Llego la noche, si durante el día
hizo frio a la noche no les quiero ni contar; se fue a comprar un par de cosas
y me puse a cortar verduras y preparar el fuego, quería sorprenderlo cosa de
que cuando llegue ya este todo en marcha y tomarnos unas birras mientras la
comida se iba haciendo, y así fue.
Pasamos la noche, incomodos, con un poco de frio pero con
muchas ganas, ya sabes, ni que la vida fuese tan larga para quejarnos tanto.
Al día siguiente, domingo 20 de junio, día del padre; nos
levantamos, prendimos un fueguito para calentar un poco las manos y arrancamos
para Sierra, nos tomamos unos mates y después almorzamos, ya era hora de pegar
la vuelta, a las 18:00 tenia partido de futbol y quería llegar.
Salimos a la ruta, despacito, ya saben lo que mi papa dijo a
la ida: “More, no voy a ir muy rápido andando”. Decidimos cargar nafta en
Cabildo así de paso lo conocía, llegamos, cargamos nafta, dimos una vuelta y
seguimos. Salimos del acceso de Cabildo, el sol nos daba en el cuello y la
modorra después de haber comido no duda en asomarse, de todas maneras me jure
que no me iba a quedar dormida.
Íbamos mirando unos molinos, “mira que lindos están puestos,
quedaron súper prolijos” dijo mi papa y continuo diciendo: “acá tiene que haber
un cartel que diga estación Genoveva”, término de decirlo y aparece el cartel: “Genoveva
I y II”. Unos minutos después me pide: “More, ándame hablando”, nos faltaban
quince minutos para llegar a Bahía; cuando me dijo eso, mire al celular para
cambiar de tema de música, puedo jurar que fueron menos de diez segundos. Cuando
volví a mirar al frente nos estábamos yendo a la banquina. “Papá, nos estamos
yendo a la banquina”, termine de decirlo y ya era tarde, ya estábamos en la
banquina. Papá saca el pie del acelerador y agarra con firmeza el volante, pero
las ruedas de atrás se resbalaron y nos hizo cruzar de banquina, el auto se
engancho en una franja y terminamos volcando. Mientras dábamos la vuelta todo
iba en cámara lenta, y la verdad es que no sentí que la vida se me pasara por delante,
al contrario, estaba en paz. En él mientras tanto le dije a mi papa: “tranquilo
papa, todo está bien. Vamos a estar bien”.
Terminamos de dar las vueltas y nos miramos, al unísono de
los dos se escuchó un: “¿estás bien? Yo estoy bien, ¿vos como estas?”. Bajamos del
auto y estaba bastante hecho pedazos, miramos el celular “Sin señal”, tuvimos
que caminar un kilómetro, hasta la entrada de un campo que estaba en el kilómetro
710 y el auto había quedado en el 709.
Hay bastantes cosas que agradezco: agradezco a la pareja del
auto negro que paro para ver como estábamos y nos prestó su celular que tenía
señal; agradezco que no venga ningún auto de frente a quien le podríamos haber
cagado la vida; agradezco a mis amistades que a los pocos minutos de haberlas
llamado estuvieron ahí; agradezco que no hayamos volcado medio metro más al
costado y mi cabeza haya terminado explotando contra la piedra que freno el
auto; agradezco el: “More, no voy a ir muy rápido andando”; y sobre todo,
agradezco seguir teniendo a mi papá.
Pero ojala, ojala que mi tío guille no se hubiera muerto
años atrás de la misma forma en que casi nosotros no la contamos más. Ojala que
mi papa deje de cargar con la responsabilidad de que hubiera pasado si algo me
pasaba. Y ojala, algún día me deje de mirar con los ojos brillosos que dicen o
sienten que soy un puto milagro porque yo tampoco quiero cargar con eso.
Pero lo que más espero es que sabiendo que hoy estamos pero
que mañana no sabemos, nos dejemos de esconder atrás de un caparazón que solo
nos hace ocultar el sentir. Ojala nos animemos más, porque mi amor,
esta vida no es para cobardes.
Morena Loncaric
22 jun, 2021
Comentarios
Publicar un comentario