La mejor cara de orto que la vida me cruzo

 

Era viernes 20 de julio del 2019, y después de mucho tiempo iba a salir con mis amigas. Al día siguiente me iba de viaje.

Esa noche estaba nuestro grupo de cuatro juntas, y por ende el vaso siempre tocaba fondo y se volvía a llenar, estábamos para festejar. Así termino la noche también, con un llamado a la ambulancia y a la mama de una de mis amigas, todo término estando bien. Siempre todo está bien.

Volví a casa a las cinco pasadas y a las seis y media tenía que subirme a un colectivo para irme de viaje con la familia. Claramente el festejo de la noche todavía no se me había pasado, subí al colectivo y dormí doce horas de corrido.

-Vale aclarar que mi hermana y mi papa iban coordinando, y era un viaje grupal-

Me desperté, y no había nadie a mí alrededor. Subí al piso de arriba del colectivo, y obviamente que todos empezaron a aplaudirme, mi mama se encargó de contar como había llegado a casa y en las condiciones en las que me subí al colectivo. Entre medio de esos aplausos, mire a un asiento que estaba casi al lado de la escalera. Había una piba, castaña clara, los ojos bien verdes y una cara de orto que se la pisaba. Si bien no soy de juzgar a primera vista, su cara la vendió mucho y dude llegar a tener filling con ella.

La vida siempre se encarga de demostrarme que las apariencias engañan, y así fue.

Al día siguiente, me senté al lado de su asiento, ella no estaba, se había ido unos asientos más atrás, al rato viene y le digo: “¿te queres sentar?”, el lugar de al lado mío estaba vacío, pero en una de esas le copaba más ir al lado de la ventana, que se yo. Se sentó en el asiento vacío, y como mucho no me cuesta hablar empecé a preguntarle de ella.

Lo que no imaginaba era que esa piba, bien pueblerina pero aún más leonina, con esa terrible cara de orto, termino siendo mi amiga, aún más que eso, termino siendo uno de mis grandes pilares hoy en día.

No sé si alguna vez les paso, eso de conocer a una Jose en sus vidas y realmente sentir que quieren que este siempre en sus vidas y, por supuesto, estar ustedes en la de ella.

A Jose le cuesta mucho abrir su corazón, le cuesta mucho confiar en las personas y mucho más contarte donde le duele; pero creo que su pueblo de 500 habitantes, mi visita y las escapadas al campo algo ayudaron, ni hablar de las tardecitas de balcón, y tantas otras cosas más.

Qué se yo, Jose vino a salvarme y yo ni cuenta me di, estaba ahí, sentada en un asiento de colectivo con su cara de orto y yo quise que sea mi amiga, y así fue.

Lo que ella no sabe es que su mano fue el tirón que necesitaba para ponerme de pie, para salir a flote.

Gracias Jo, por existir.

Mátame si no te sirvo.

 

Morena Loncaric

3 may, 2021 

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