Qué linda la mina
simple
Que linda la mina simple.
La ves ahí, sola, toda loca, toda rota.
Tratando de armarse de nuevo, hermosa.
Y pensas: “el que te vio y no se enamoró de vos, no entendió
nada”.
Y vos tampoco entendes, no entendes como nadie se la jugó
por ella.
Te cuenta que la paso como el orto y te nacen ganas de
viajar al pasado a decirle a cada uno de los que la dejo pasar: “sos un
pelotudo, pero gracias. Hoy me toca a mí.”
La ves ahí, acomplejada por un kilito de más o de menos, por
un poquito de celulitis o de alguna estría que la vuelve loca y a vos te parece
lo más hermoso que vieron tus ojos en toda tu puta vida.
La ves ahí simple, y ni ella se da cuenta de lo que es, o si
pero no se agranda y eso la hace más linda.
Que puto poder tiene la mina simple de complicarnos la vida
de una forma tan linda.
Les basta con un “hola” y nos embrujan. Le basta un beso en
la mejilla para dejarnos impregnado ese perfume que no se va más y se te mete
en la almohada a susurrarte por la noche que no te olvides de pensarla antes de
dormirte, y no te olvidas.
Que hermosa y retorcida manera que tiene de alegrarte el día,
a tal punto que si no hablaste con ella no disimulas la cara de orto.
Que cosa rara eso que te hace sentir cuando sonríe, que
manera de cagarte la existencia con algo tan simple como una sonrisa ¿no? Como un
gesto tan boludo te cambia el humor y te da manija para creer que si sos capaz
de hacerla reír, sos capaz de todo, pero que difícil verla triste. Ay hermano,
que sensación de mierda verle los ojos brillosos, la mirada baja, gritando en
silencio que alguien se avive, que se está cayendo. Suplicando una mano, detrás
de un: “estoy bien”. Que difícil, loco.
No sé si entendes lo que digo, yo creo que sí.
El “Pela” Romero
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