Con el corazón roto
Después de la primera vez que te vi, le dije a mi mama: “este
va a ser el chico que me va a romper el corazón”. Yo lo sabía, lo supe desde un
primer momento. Es que sos tan predecible, sería raro que la vida me mande algo
que yo quería tanto y que mágicamente salga todo bien. Son pocas las veces que
las cosas se dan como quiero, y claramente esta no iba a ser la excepción.
Si hubiese sabido que el corazón podía llegar a doler tanto,
supongo que hubiera tenido más cuidado.
No sé bien en que momento fue, pero empecé a querer que estés
en mi cotidianidad, en mis días, compartir cosas con vos, quería que formes
parte de mi vida. Llegaste, en silencio, desapercibido, era obvio como iba a
terminar todo esto; fue todo tan bueno que era muy difícil creer que era real.
Con el tiempo empecé a humanizarte, te baje del pedestal en
el que te había puesto y te pude ver como un igual, y muchas cosas me empezaron
a doler.
Me fui rompiendo porque no quería dejarte ir, dejarme ir,
dejarnos ir. Al final, los dos nos terminamos dejando.
Yo puse mi corazón en una bandeja, como quien invita una
noche de tragos libres y termina en cualquier cosa. Y así fue, termino roto.
Solo necesitaba que vos me quieras un cuarto de lo que yo te
quería, necesitaba que me des la seguridad de que te bastaba mirarme a los ojos,
aunque sea hoy, aunque sea solo un día. Necesitaba llegar a confiar en vos y sentir
que yo era suficiente. Pero eso nunca paso, nunca me sentí ni segura, ni pude
confiar en vos. Era una lucha interna entre la cabeza y el corazón. La cabeza
me hacía pensar cualquier escenario posible que me terminaba destruyendo, y el corazón
en guerra con ella se forzaba a callarla e intentar creer que si me querías.
No gano ni una, ni la otra. Capaz que ambas perdieron, la
cabeza se bombardeó sola y el corazón se rompió.
Y yo, con las partes del corazón roto, decidí mirarte a los
ojos una última vez y decirte: “te quiero”, porque las despedidas son esto también,
mostrarte mi última parte más vulnerable y que vos –nuevamente- no sepas que
hacer con eso.
Entendí que no quería que me digas que me quede, ¿para qué? Si
aunque vuelva un millón de veces siempre vamos a estar en tu gris de no saber qué
es lo que queres. Al final, lo que siempre espere fue que me quieras, con
seguridad y que me des la confianza; al parecer pedí mucho.
Me fui vacía y rota, pero por más que las sintonías no sean
las mismas me quedo con lo que aprendí. Hoy creo en el amor por cómo se querer
yo. Cuando llegaste, creí que no tenía nada para dar, pero mira:
Cuantas cartas de amor te escribí,
las canciones en las que te pensé, y
la ultima luna de febrero que te dedique,
me vacié de amor,
me rompiste el corazón,
pero dicen que todo final trae un nuevo comienzo,
quizá este si sea el momento en que se trate de mí.
te quiero, pero hoy me toco empezar a quererme.
Morena Loncaric
3 feb, 2021
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