Terremoto

 

Yo necesitaba de un meteorólogo que me avise que venias vos.

Vino un terremoto y yo no me había enterado, nadie me aviso.

Llegaste y me sacudiste, y yo intentando no darle importancia deje que pase. Como si fuera fácil volverse a construir después de que pasa una catástrofe.

Cuando te conocí, me di cuenta que en realidad todo lo demás fueron simulacros.

Yo estaba más o menos parada, creyendo que podía mantenerme de pie, pero de repente el mundo dio una vuelta de 180º.

Vos llegaste y yo empecé a creer de nuevo. Empecé a creer en todo ese montón de cosas que todavía dolían y no quería creer. Te juro que yo no quería, no quería perderme en unos ojos y mucho menos necesitar del ruido de tu risa, pero paso.

Viniste, moviste, sacudiste y desacomodaste todo. Tiraste todos mis pretextos que creía tener firme a la mierda y yo me quede ahí, paralizada, contemplando o tal vez admirando.

Me quede como me gusta quedarme mirando los atardeceres, con la misma intensidad te veía, con el mismo disfrute te admiraba.

Yo te miraba e intentaba que mis ojos saquen la mayor cantidad de fotos posibles porque siempre está el miedo de que sea la última vez que puedo mirarte a los ojos, en silencio o con una sonrisa de por medio. Te miraba porque nunca creí en la magia, hasta que llegaste.

El terremoto todavía está, creo que un poco perdió su intensidad, ya no es el mismo.

En el mientras tanto que deja de hacer ruido, empiezo a hacerlo yo.

Ya sabes, alguien que se quiere ir, se va, sin hacer ruido.

Pero yo, quien podría quedarse todo el tiempo que le regales mirándote, hago todo el ruido antes de despedirme con la ilusión de que me pidas que me quede.

Y eso que nunca fui de las despedidas, sino más bien de las retiradas.

Vos me diste ganas de quedarme, pero ¿Qué va a pasar cuando el terremoto termine?

 

Morena Loncaric

15 feb, 2021

Comentarios

Entradas más populares de este blog