Ley primera
A mi abuelo le
deben haber partido mucho el bocho con el Martin Fierro, y así como a él se lo
rompieron lo hizo con sus nietas. Pero por suerte, siempre supo enseñarme, y me
gustaba tanto escucharlo.
Me lincho la cabeza
con “La ley primera”. Con mi hermana siempre anduvimos juntas de acá para allá,
y todo lo que eso conlleva (peleas, risas, llantos, arreglos, confianza,
amistad.) en fin, mi abuelo siempre cuando estábamos juntas nos repetía: “los
hermanos sean unidos, esa es la ley primera” (…) cuento esto para hablarles de
ella, como les dije en la primer nota mi hermana, Abril, es mi corazón entero.
Realmente es mi
ley primera, más allá del ser unidas, es mi talón de Aquiles. Y acá esta lo que
tiene la escritura, dejar el corazón en bandeja. Sí, mi hermana es mi talón de Aquiles,
quien vaya en contra de ella me parte, y yo parto a quien vaya en contra de
ella.
Es la persona con
quien los ojos más me brillan, pero con quien soy más dura también. Solo intento
que ante su sensibilidad con el mundo, a ella nunca nadie la desmorone, cálculo
que a veces es por eso mi brutalidad.
En fin, mi
hermana, es el amor más grande que la vida me dio. Lo más importante, mi ley
primera, mi talón de Aquiles, mi mejor amiga, y mi corazón. (En realidad muchas
cosas más pero si empiezo a enumerar no terminaría jamás).
No sé si creo en
la suerte, pero creo en mi hermana. Creo profundamente en mi hermana.
¿Sabes que es sentir
abrazar a alguien y que tu corazón encuadre con el de esa persona, que no faltan
brazos, que el tiempo no corra y que te sientas en casa?
Abril es tantas
cosas, es la mano que me rescato tantas veces y cuando no tuve fuerzas se acostó
al lado mío y supo esperar mis tiempos. Abril, es una mezcla de ternura y de
sensibilidad, pero más que nada es corazón, el corazón más grande y noble que
existe lo tiene ella. Mi hermana, es quien me rescato. Es mi salvavidas (y créanme
que no exagero).
Abril es la poesía
que nunca me voy a cansar de leer, es mi libro favorito, el más preciado.
Abril es alta poesía,
y cuando te mira el mundo se para y parece que ya nada existe, que todo se
desvanece, que todo está bien. Y si las cosas no van bien, no importa, en ese
preciso momento en que la miras y te sonríe, nada importa porque parecería que
todo lo demás es insignificante.
Abril, llora;
llora mucho, llora con el corazón cuando algo le duele. Y me gusta estar ahí,
me gusta que llore conmigo o intentar que deje de llorar. Me gusta tratar de
ser un cuarto de lo que ella es o significa para mí.
Lleva tantas
cicatrices y silencios internos, pero igual el mundo sigue pareciendo chico al
lado de ella. En realidad, el mundo le queda tan chico.
Hay un poema que
me hace acordar mucho a ella, y justamente es de Elvira, una de sus escritoras
favoritas, ella dice esto:
“Es que es tan bonito verte levantar,
contemplarte sobrevivir y ver cómo te rescatas a
ti
es que el universo
tiene tanto que aprender de tus cicatrices
y de tu forma de sanar los daños
que sería egoísta por mi parte
privarte de tu parte frágil.
Porque,
amor,
la única verdad es que
tienes los ojos más valientes del mundo
y el mundo es más valiente cuando te mira a los
ojos.”
Ey Abri, sos lo más
lindo que esta vida me dio. Y la verdad es que siempre cuando empiezo a
escribir es porque algo me desborda mucho el corazón, y para vos no existen
palabras. ¿Te das cuentas? Ya hasta mi corazón queda chico para vos.
Siempre vas a ser mi ley primera y mi talón de Aquiles. Siempre voy a querer volver a leer tu poesía, al fin y al cabo, ella nos une tanto.
Y que siempre
sean tus brazos tan gigantes y pequeños, que protegen sin querer y salvan
queriendo a cualquiera que se cruce en tu camino.
Gracias por salvarme.
Morena Loncaric
25 de nov, 2020
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