Fumo una seca
para olvidarte
Entonces llegan algunas noches en donde me pongo una careta,
me maquillo, me visto para salir y pongo el automático.
Toda la noche en búsqueda de complicidad con mis amigas, o
mejor dicho, con mis salvavidas.
En medio de la noche se me acerca una persona, y yo con tan
poca energía levanto la mirada, me declara tener ganas de conocerme y que le
llamo mucho la atención.
Una sonrisa burlona sale de mí, lo miro y le digo: “ahora no
le convengo a nadie, no pierdas el tiempo”.
Mi amiga me mira y me dice: “nunca nadie me dijo tantas
cosas lindas sobre vos en menos de un minuto como él”, y no quiero sonar
engreída, asiento con la cabeza, sonrió y hago una mueca con los hombros y
manos como diciendo “bueno”. En el fondo pienso, tal vez sea un tipazo, y yo sé
todo lo que soy, pero entiendo, también, que nadie merece conocerme en medio de
este duelo.
Entre medio de copas, entre medio de secas a esas flores que
tantas veces me hacen relajar la tristeza: “por lo menos ahora no voy a
llorar”, pienso.
Se hace de día, y hago lo que puedo y cuando llega la noche
siento consumirme.
Otra salida, otra propuesta. No es que falten opciones, es
que yo no soy opción. Soy prioridad.
Acepto que la persona a la cual pienso todos los días, no me ve de la misma manera y que es hora de dejarla ir porque si no, me voy a perder a mí. Es que te amé tanto, pero me consumí a mí misma amándote, esperando que -algún día, con un golpe de suerte- vengas y me digas: “te quiero elegir”, y fueron mil oportunidades, y mil y una decepciones. Con vos siempre fui opción y nunca prioridad. Me consumiste, me desgastaste.
Con vos me desarme, como hacía tiempo no me pasaba.
Ahora sí, te tengo que dejar ir, mi amor. Ya es tarde para
un nosotras.
Tal vez en otra vida.
Morena Loncaric
8 de oct., 2024
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