Hoy se trata de mí

 

Acostada en el patio mirando al cielo parece que la vida es mucho más sensible que allá afuera en la sociedad en la que vivimos.

Puse un poco de música, contemple la luna, mire las estrellas y cada tanto cerraba los ojos para saber qué tan real es esto.

Hoy vi pasar una estrella fugaz, la anteúltima vez que vi una desde mi patio fue hace cuatro años y tenía el corazón tan triste como lo tengo hoy.

¿Será eso de que pensar de mas es la enfermedad terminal de los sentimientos?

Hay pocas cosas a las que le tengo tanto miedo como a la idea de que algún día mis sentires se enfríen y me amolde a una sociedad o a un entorno en donde no pueda decir lo que siento, en donde no pueda ser yo. Esta, ahora mismo, es mi versión más mía.

Calculo que la esencia del sentir todavía la conservo y por eso me mantengo acá, intentando desestructurarme como me recomendaron.

Estoy en el borde de la pileta con una venda en los ojos y en breve me tiro, no sé si hay agua o esta vacía. No sé. Hace rato que creo no saber nada y está bien, a esta vida en parte venimos a aprender.

Yo me desestructuro, me tiro a la pileta aunque no haya agua; yo cedo. Siempre cedo, ¿pero hasta qué punto? ¿En qué momento deje de ser yo para ser por el otro?

¿En qué momento la cabeza peso más que el corazón? Las cosas no se piensan tanto, se sienten. Porque si a mí me preguntas que quiero, el corazón va a ser el que responda aunque la cabeza mía sea un bardo. Porque no hay nada más lindo que sentir, y no hay nada más triste que apagar ese sentir.

La tristeza aumenta cuando llega el cansancio de sentir, de estar ahí en el gris ese que al corazón mucho no le cabe. Y está bien, está bien a veces ser un gris, pero de nuevo la pregunta: ¿hasta qué punto? ¿Nos tenemos que romper para desestructurarnos o cómo es?

No hay nada más triste que tener el corazón y la cabeza cansada, y aun peor: quedarse en un lugar en donde no te sentís segura.

Capaz estos fueron mis ruidos más fuertes, donde mi corazón te escribió un par de notas sin chamuyar, ¿y viste que a veces dicen “hay gente que no sabe qué hacer con tanto”? tal vez esta sea la primera vez que me lo creo, hoy quiero creer en que es eso. A mí no me quedo nada. Un corazón plasmado en escritos, con sonrisas de medio o un atardecer, no sé. Quizá este fue mi ruido, silencioso pero no pasó desapercibido.

Tal vez hoy, después de mucho tiempo, si quiero que se trate de mí.

 

Morena Loncaric

28 feb, 2021

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